Miércoles 28 de Junio | 22:02 hs

EL EXILIO INTERIOR

¡Qué día el de aquella tarde!

El 17 de junio de 2007, mañana se cumplen diez años, Barcelona fue, de nuevo y como ya sucedió en la primera mitad del siglo XX, centro del universo taurino y un nombre tuvo la (feliz) culpa: JT

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¡Qué día el de aquella tarde!

PACO MARCH

El 17 de junio de 2007, mañana se cumplen diez años, Barcelona fue, de nuevo y como ya sucedió en la primera mitad del siglo XX, centro del universo taurino y un nombre tuvo la (feliz) culpa: José Tomás.

El jueves uno de marzo de aquel año y en una convocatoria con aires clandestinos se anunció, por boca de la Casa Matilla, nueva responsable de gestión de la Monumental y Salvador Boix, imprevisto apoderado del genio de Galapagar, que este volvía a los ruedos tras cuatro años en stand by y que sería Barcelona, su Monumental (en la fecha citada de inicio) el escenario. Y todo se convulsionó. Que los medios de comunicación catalanes , TV3 incluida, le dedicasen a la noticia titulares, páginas, columnas, da idea de su magnitud.

"La Fiesta remonta en Barcelona. José Tomás vuelve a los toros” abría la página de Cultura de La Vanguardia del día después . Sí, la Fiesta, en la permanente picota del poder político catalán y de su correspondiente coro mediático, recuperaba parte del protagonismo perdido y la afición resistente renovaba ilusiones maltrechas.

Toño Matilla explicó que el acuerdo con Balañá para el arrendamiento de la plaza era sólo por un año aunque con la voluntad de las `partes de continuar (así sería, hasta la prohibición) y adelantó los carteles de la primera mitad de la temporada barcelonesa, precisamente hasta ese 17 de junio. La mayoría de figuras estaban en ellos y en el último, junto a José Tomás, Finito de Córdoba y Cayetano, con toros de Cuvillo. El propio José Tomás cerraría la temporada el 23 de septiembre, víspera de la Mercè.

Así las cosas, los festejos se sucedieron con mejores entradas de público que en las temporadas precedentes y con las localidades para el 17J agotadas a las pocas horas (o sólo a la hora) de ponerse a la venta semanas antes. Algo que ya sería la norma cada vez que José Tomás se anunciase, tanto en Barcelona como en otras ciudades.

Y llegó el día.

La Vanguardia lo llevó a portada ("El acontecimiento taurino del año”) y también a las páginas (3) de Cultura (las de siempre en la información taurina del diario del Grupo Godó , la única cabecera catalana que mantuvo las crónicas de los festejos en la Monumental hasta el final y aún después con el propio JT como protagonista- Nimes, Valencia, Madrid, México DF, Donosti- o (cosas de los tiempos) en los obituarios.

"El retorno del maestro” y "Las claves de un idilio”, junto a voces de destacados intelectuales y artistas catalanes, como Pere Gimferrer, Víctor Gómez Pín, Silvia Munt, Joan Pere Viladecans, Robert Saladrigas o, incluso, Albert Plá, intentaban explicar algunos de los porqués de la simbiosis del torero con la ciudad. Y viceversa.

Junto a La Vanguardia y resto de medios locales y nacionales, para la corrida se acreditaron más de doscientos de todos los rincones del mundo, de Europa, América, Asia o Australia. De Le Monde a la RAI, pasando por el New York Times, cuyo crítico titular de Arte viajó a Barcelona para la ocasión. Sin acreditarse, claro, los colectivos antitaurinos también montaron su particular performance, que incluyó la quema de discos de Sabina y Serrat , presentes en la Monumental , y los gritos de asesinos y otras lindezas a quienes a ella acudían.

La corrida (con un cartel diseñado por Miquel Barceló que pronto se convirtió en objeto de deseo para coleccionistas) fue, de principio a fin, un clamor de toreo y un torrente de emociones, a la que junto al gran protagonista, José Tomás (cuando se hizo presente en el quite al primero de la tarde, de Finito, y se echó el capote a la espalda para la gaonera se hizo un silencio estremecedor, roto en un olé que debió escucharse del Tibidabo a Montjuic, cuando remató el lance) se sumó Cayetano que cortó cuatro orejas y compartió salida por la puerta grande.

Salían los toreros en triunfo y la multitud con la emoción y la alegría en los rostros, que sí eran viva constatación del sentimiento del alma.

Y por eso, titulé la crónica en La Vanguardia: "La felicidad taurina era esto”.

Después vendrían otras tardes, de gloria (muchas de ellas con José Tomás en el centro, como la del indulto de "Idílico” o los seis toros en solitario) o no, hasta aquel final de rabia y llanto de la Mercé 2011 y (de nuevo Barceló en el diseño del cartel) Juan Mora , José Tomás y Serafín Marín . Curioso- o sintomático- que, cada uno en su circunstancia, ninguno de los tres esté toreando en lo que llevamos de temporada.

Fueron cinco años de respiración asistida para el toreo en Cataluña, al que la política puso fecha de caducidad en 2010 y en los que "el sector” fue incapaz de reaccionar. Cinco años de agonía para los aficionados catalanes que se sintieron demasiado solos y muy acosados.

Aquel 17 de junio de 2007 fue un día en el que todo estaba centrado en la tarde.

Quien lo vivió, lo sabe.

 

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