Sábado 20 de Enero | 10:04 hs

A CONTRAQUERENCIA

Los Guiris

Los Guiris

Un cuadro: políticos con altavoces pescando en el río revuelto de la explanada, algunos con arengas nacionalistas, mientras varias decenas de mexicanos compraban frutos secos en el chiringuito de al lado. A pocos metros, chicas y chicos regalan tarjetas para visitar clubes nocturnos; más allá, fotógrafos a la caza del famoseo que se abría paso entre una horda de chinos que seguía la bandera amarilla. Al fondo, cerca de la puerta de arrastre, varias Chulapas se juntaban para cantar "Los Nardos", mientras que sus correspondientes Chulapos, alguno con una bota de vino, miraban de reojo a las guiris que llegaban corriendo con un vaso de Starbucks en la mano. Era el día del santo, por eso la chaqueta, el puro, el gintonic y el clavel, "que hoy vuelve Ponce después de 5 años", exclamó alguno.

Llenazo en los tendidos, run-run y gran ambiente. A mi lado, dos lugares vacíos. Ya era raro, pues el vomitorio seguía pariendo personas que desaparecían antes de llegar a ocupar los sitios vecinos. ¿Dónde se metía tanta gente? En fin, que no llega nadie, ni con los cinco minutos de alargue que dieron en la puerta, tras la ovación de bienvenida al maestro valenciano que regresó a Las Ventas.

Pero bueno, ya era hora de mirar al ruedo, que salió el burraco de la ceremonia de David Galán. De repente, antes del brindis al cielo del confirmante, como por generación espontánea, brotó una pareja de guiris a mi lado. Ni los vi llegar, y eso que venían con su casa a cuestas. Muy respetuosos, eso sí, pero llenos de curiosidad por cada detalle. Antes de sentarse, ella tomó el programa de mano que yo tenía sobre la piedra y me lo ofreció hablando en perfecto espanglish y fue entonces cuando cometí un error: se lo agradecí en inglés. Nunca sospeché la cantidad de preguntas que me podrían hacer durante toda la tarde, ni que yo fuera capaz de describir y explicar los efectos de un pinchazo hondo, caído y un poquito suelto (entre muchas otras cosas) con el inglés que aprendí antes de cumplir 17 años en un colegio de curas.

Durante los primeros toros, Abby se tapó los ojos en varas y en el momento de la estocada, mientras Chris se sacaba de la manga preguntas como ¿Why some people whistle when the torero´s life is in danger? Pues eso, que muchas veces me quedé sin respuesta. No porque el inglés que me enseñaron los curas se me quedara corto, sino porque no tenía palabras que traducir. Después de cuatro toros, una cervecita y varios fallidos intentos de enseñarles a comer las pipas que compraron, Abby, con sus ojos bien abiertos, comenzó a mostrar más interés y, curiosamente, tenía mucha más facilidad para captar detalles del comportamiento de los toros y una sensibilidad especial para distinguir un muletazo bueno de otro vulgar. Chris, por su parte, mostraba más interés por los banderilleros. Cosas de guiris...

En fin, que hasta nos hicimos amigos y, antes de salir corriendo para intentar hacerse fotos con los toreros (y los banderilleros), sus nuevos héroes, quedamos de hablar mañana porque intentarán sacar tiempo (y entradas) para volver a la plaza.

Era el día del santo, día para ir a los toros, "que torea Ponce después de 5 años", pero Madrid ya no es sólo de Chulapas y Chulapos. Es una ciudad multicultural y tiene un edificio en el que, por estos días, se generan 24000 impactos de su más bella expresión cultural cada tarde. Ahora comprendo que haber dicho thank you no fue un error. ¿Quién dijo que los toros eran sólo una Fiesta Nacional?

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