Sábado 20 de Enero | 10:04 hs

A CONTRAQUERENCIA

Sangre de verdad

Sangre de verdad

El cuerpo se me cortó desde el minuto cero. Mi localidad, justo encima de la puerta de toriles, me otorgó el triste privilegio de ver de frente el gravísimo percance de David Mora. Cada segundo, desde que salió el toro, se hizo eterno. Fue realmente angustioso ver como cada paso del bicho era medido, calculado, como esperando el momento preciso para pegar el arreón y cazar a un torero que, valentísimo, aún de rodillas, confiaba en que algún santo guiara su capote para sacarle de ese maldito lugar. Tengo grabado en la retina el instante en el que el primer pitonazo golpeó en el pecho del torero... entonces fue el caos, y luego, la sangre en la arena, avisó la gravedad de todo. Maldita sea.

A partir de ese momento todo se nubló. Ni siquiera el valiente y ceñido quite por chicuelinas de Jiménez Fortes, o algún natural dibujado por Antonio Narazé, pudo quitar el velo de una tarde que tenía marcado el sino del hule desde el comienzo. El peligro desarrollado por los toros terminó doblegando el honesto esfuerzo de los toreros. Tanto era el compromiso, que el sevillano, en una revolera, supo que su rodilla no andaba bien y, tras dejar una labor de mérito, decidió pasar a la enfermeria convencido de volver a salir. No pudo ser.

A poco más de un mes de haber sido corneado en este mismo ruedo, con sus compañeros en la enfermería, cuatro toros en los chiqueros y una prenda esperándole en la arena, el malagueño, con la misma entrega de siempre, quiso rendir un homenaje a un grande, a Manuel Benítez "El Cordobés", sentado en una barrera justo cincuenta años después de haber firmado, también con sagre, su confirmación en esta plaza. Admirable.

Pero Saúl no estaba solo, junto a él había un torero que, aunque vista de plata, lleva el alma de oro. José Antonio Carretero sabía muy bien la tragedia que se estaba cociendo, por eso fue el primero en llegar al centro del anillo cuando Fortes quedó a merced del bicho de Los Chospes, se llevó al toro y pidió serenidad a todos los toreros. Ya desde antes estaba ordenando a cada quién en los burladeros, convirtiéndose en director de lidia. Por eso, cuando previó lo que podía pasar en la última suerte, intervino con su capote para castigar al toro por abajo y crujirle el cuello a ver si dejaba pasar al torero. Pero ni así, otra vez la fatalidad se abrió camino y Saúl tuvo que ir a hacer cola en el quirófano. La imagen de Carretero aplaudiendo a Fortes una vez que dobló el toro, fue un gesto torero como ninguno.

A estas alturas, las redes sociales eran un hervidero de noticias de última hora surgidas desde la enfermería o de la especulación general, también de comentarios de apoyo y otros tan salidos de tono que producían tanto asco, como los pitos que se escucharon en la plaza cuando se anunció la inminente suspesión. Incomprensible.

No quiero ni imaginar qué pasaba por la cabeza de El Chano, que, en su silla de ruedas, esperaba muy cerca de la enfermería las noticias que de allí se pudieran desprender. Nadie decía nada, sólo esperábamos que alguien saliera y dibujara algún esbozo de sonrisa que permitiera preguntar por la salud de los toreros o que, simplemente, transmitiera algo de optimismo. Fue entonces cuando se abrió la puerta para dejar salir a Antonio Nazaré, en silla de ruedas, camino de la ambulancia. El sevillano se cubrió el rostro con una toalla, tal vez intentando esconder las lágrimas que, después, al otro lado del teléfono, ya no pudo disimular. "Esto sólo puede pasar cuando apuestas", me dijo para consolarse. Mientras tanto, adentro, Saúl seguía esperando su turno en el quirófano, pues lo de david Mora requería toda la atención del equipo médico. Un drama.

Así es esto. Héroes que lloran y que sangran de verdad. Mañana, otros tres héroes y sus escuderos, se vestirán de oro y plata para para volver a darlo todo frente al toro. Mis respetos.

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