Sábado 20 de Enero | 10:03 hs

A CONTRAQUERENCIA

Tolerancia cero

Tolerancia cero

Es muy triste que tengan que pasar tardes como las de ayer para que por fin se vea un mínimo deseo de unión entre todos los estamentos taurinos. Y otra vez, de manera reaccionaria. Es decir, nos tienen que soplar una hostia en todo lo alto para decir, "venga, vamos todos a por ellos". Pasó con Barcelona y ayer con nuestra sensibilidad más profunda.

Cuando los titulares y comentaros de los antitaurinos comenzaron a calarnos profundo nuestras carnes (y con varias trayectorias), empezaron los de siempre, los aficionados, a pensar y proponer la manera de defendernos con las armas de la legalidad. Ya ellos, los que pagan y los que sufren, saben de memoria que la única unión aparentemente posible es la de la afición, porque los estamentos de la fiesta llevan demostrando desde hace mucho tiempo que la unión es cosa de otros. Sin embargo, la tragedia que rondó la tarde de ayer y la agresiva y desagradable reacción antitaurina, (y creo que la vergüenza de ver cómo los aficionados eran los primeros en levantar la voz) consiguió lo impensable: que toreros, subalternos, empresarios y ganaderos sumaran fuerzas para exigir respeto por una expresión cultural tan auténtica como la taurina. Hemos llegado al límite y creo que debemos tener tolerancia cero con ataques que llegan a ser realmente enfermizos.

No obstante, todo los laxos y permisivos que hemos sido los taurinos hasta ahora con la violencia de los ataques recibidos, se nos olvida cuando se trata de nuestros propios gustos. Me explico. Hoy en Las Ventas estuvo un torero como El Fandi, que llena plazas y es reclamo de montones de aficionados, pero aquí recibe un trato muy poco respetuoso. No sólo se ignoró su buen toreo de capote, sino que se le pitó por querer dar espectáculo. Todo el mundo sabe que su maestría con los palos es incontestable y, al encontrar un toro propicio para hacer lo que mejor sabe hacer, quiso obsequiar un par de banderillas más. Pidió permiso y el presidente, como es potestad suya, lo concedió. Pero, claro, como eso no gusta a algunos, vinieron los pitos y las protestas sin fundamento. Otra cosa hubiera sido que el presidente no concediera el permiso para clavar otro par, entonces estaría infringiendo las normas. Pero no, estaba dentro de lo permitido y se le pitó con saña. Y, encima, se lo tomaron a cachondeo pidiendo "otro, otro". Lo dicho, cuestión de gustos... y tolerancia. Una cosa es que haga algo fuera de lo reglamentado, y otra muy distinta que nos guste mucho, poco o nada. Si no nos gusta, habrá que respetarlo. ¿No es respeto lo que le estamos pidiendo a los antitaurinos? Pues eso, tolerancia cero.

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