Sábado 20 de Enero | 10:05 hs

A CONTRAQUERENCIA

¡No te rajes!

¡No te rajes!

Estos días me toca esperar a que los tendidos se desocupen para poder bajar sin molestar a nadie con mis muletas y durante ese rato me quedé pensando en lo áspera que había sido la tarde, con toros broncos y geniudos, pidiendo más que el carné de toreros, el de la seguridad social.

El mismo que iban a tener que usar Miguel Abellán y Paco Ureña para hacerle frente a las consecuencias de haberse portado como verdaderos hombres delante de semejantes toros. Abellán, al que alguno le llegó a pedir a gritos el salto de la rana, tomándose su actuación a cachondeo, demostró que antes de ser una figura pública es un torero con todas las letras. Y no sólo por haberse ido a la puerta de chiqueros a esperar al primero de rodillas, sino porque con la violenta paliza que tenía en el cuerpo y con un catéter que todavía molesta de ese cólico nefrítico que le impidió cumplir con su primer compromiso en Las Ventas, no perdió los papeles para ganarle la pelea al primero, pasar a la enfermería y volver para vérselas un gigante temperamental y agresivo, que le pidió que le tratara de señor y al que Miguel le plantó cara con gallarda valentía para cortarle una oreja.

Tengo que confesar que en su momento, por cómo fue la faena, el premio me pareció un tanto excesivo, pero después, al analizar las circunstancias del torero y las muchas complicaciones del toro, entendí que lo que había acabado de ver era una lección de coraje y decisión. Enhorabuena Miguel ¿Qué pensará ahora el que pidió el brinco batracio?

Lo de Ureña, aunque pase más en silencio por la tibia personalidad del lorquino, también tuvo mérito, pues el murciano es de aquellos de los que se mueren en la suya. A Paco no le vale otra cosa sino su puro concepto, e intenta aplicarlo sea un toro o un oso lo que tenga delante. A cada bicho lo toreo como si fuera bueno, sin venderle motos a nadie y tragándose una cornada de 25 centímetros en el muslo, que se dice pronto. Gracias Paco, por otra lección de humildad y tenacidad.

Y si esta corrida no se saldó con los tres toreros en la enfermería, fue sólo porque Joselto Adame anduvo con las alarmas encendidas desde el principio, cuando le salió un bicho que parecía estar recordando viejas experiencias en la arena, como esas vacas de capea que tienen doctorado en arameo antiguo. Ya hizo bastante el mexicano con estar delante de semejante pájaro.

En fin, que lo de hoy fue toda una lección de hombría, y en eso estaba pensando cuando pasaba cerca de la puerta grande, camino del metro, cuando escuché, desde el "Tendido 11", a un mariachi que gritaba "¡No te rajes!". Una perfecta banda sonora para lo ocurrido hoy y que, personalmente, me motiva a dejar de lado muchos de los fantasmas que me rondaban hace una semana. A ver si doy la talla y sigo el ejemplo de los toreros. Por ahora sigo en muletas.

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