Sábado 20 de Enero | 10:04 hs

A CONTRAQUERENCIA

Señores, un TORERO

 

Señores, un TORERO

Asumir riesgos, apostar, abrir el abanico de ganaderías y medirse con otros compañeros. Esos han sido los reclamos más comunes que muchos aficionados han hecho a las figuras desde hace un tiempo para refrescar el espectáculo, para sacarlo de un encorsetamiento tejido por las redes de los grupos de empresarios, apoderados y el celo de los toreros que convirtió el circuito taurino en un coto prácticamente cerrado.

Por eso, si había un cartel atractivo en este San Isidro era, para mi gusto, el de hoy. Pues, con una ganadería que siempre genera curiosidad en el aficionado, se juntaba la renovada maestría de Ferrera, el toreo exquisito y capaz de Urdiales y un torero como Miguel Ángel Perera, que pidió lidiar en este San Isidro corridas que usualmente no mata, para dar una verdadera medida de su capacidad. ¡Y vaya sí lo hizo! La pena que me queda es que sus compañeros de cartel no tuvieran al menos un toro que embistiera medianamente bien, porque entonces, estoy seguro, que el espectáculo habría sido inolvidable.

Pero volviendo a Perera, su demostración de capacidad no sólo ha sido en la arena, sino que es el triunfo de una apuesta, de una manera de entender y ejercer su profesión, por eso pidió las corridas de Victorino (en la que al final no pudo entrar) y Adolfo Martin como parte de una temporada en la que quiere dar al aficionado esa variedad que estaba pidiendo. Sin embargo, Perera no lo hace como respuesta a una presión popular, lo hace porque su propia ambición se lo pide. Miguel Ángel no tiene nada que demostrar a nadie, pero en su interior, sus metas van mucho más lejos de lo que cualquiera podemos imaginar.

Perera no tenía bocas que tapar, pero el golpe de autoridad que ha propinado con esta segunda puerta grande consecutiva ha hecho crujir los pilares sobre los que se sostiene el escalafón mayor en la actualidad. Si algo le reprochaban algunos al extremeño, hoy quedó saldado y se llevó el respeto de los pocos que le seguían negando el reconocimiento. Lo importante de todo esto, es que lo ha hecho con tal solvencia que aquello de los "especialistas" quedó absolutamente desvirtuado. Hay TOREROS y Miguel Ángel Perera, señores, es uno muy grande. Es lo que pasa cuando se apuesta en grande, que la recompensa es mayor.

Me pregunto ahora qué estará pensando la empresa de Madrid, pues en su mesa tuvo la posibilidad de anunciar a Miguel Ángel con la de Victorino y finalmente declinó. Pero claro, las apuestas son para los valientes.

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