Sábado 20 de Enero | 09:55 hs

TINTA Y ORO

Ser de García Márquez

Ser de García Márquez

"Hasta Dios se va de vacaciones en agosto", escribió. Y en Jueves Santo. Y en Jueves Santo, cuando las noticias escasean y los informativos no tienen con qué hacer la apertura, se ha muerto el más escritor de todos los periodistas, el más periodista de todos los escritores, el que vivió para contarla, el que escribió a un coronel que no tenía quien le escribiera, el que encontró al general en su laberinto y, sobre todo, el que amó, el que, si no hubiera sido escritor, habría querido ser un pianista sin cara que pusiera banda sonora a una historia de amor. Y quizá por eso nacieran El amor en los tiempos del cólera o Del amor y otros demonios.

Escribir de García Márquez es absurdo. Cómo, si él ya lo escribió todo. Para que te lea quién, si él ya enseñó a leer al mundo. Joselito, que le brindó aquel famoso toro Excusado de José Luis Marca, al que desorejó el 15 de mayo del 96, se lo dijo entonces y lo recuerda siempre: "Cien años de soledad es el libro que más me ha marcado porque fue el primero que me leí entero, del tirón".

José Miguel Arroyo "Joselito" from Paseíllo Literario on Vimeo.

Ser de Joselito es también ser un poco de García Márquez. Como ser de Ponce es serlo de Vargas Llosa. Cómo elegir, si los dos binomios parecen tenerlo todo.

Los Cien años de soledad de García Márquez marcaron el boom de la literatura hispanoamericana, igual que la eclosión de Joselito marcó el toreo de los noventa, resumido y condensado en aquel 2 de mayo del 96. El realismo mágico de Gabo se imbuyó de torería en las muñecas de José, pero también revistió el toreo de Ponce de la magia de Macondo. Cual José Arcadio y Aureliano Buendía, hermanos los dos en la guerra del coronel. Vargas Llosa ha aguantado mejor el ritmo y se ha crecido con el paso de los años, igual que Ponce ha escrito en cada tarde una línea más de su obra maestra, corregida y aumentada. Pero hasta Vargas Llosa fue Lituma en los Andes bebiendo de la fuente que le descubrió Gabo.

García Márquez lloró cuando murió Aureliano Buendía. Y hoy, seguro, el torero más Aureliano, retraído pero lúcido, cuyo nombre se repite, como el eterno retorno, para citar a los más grandes de la historia del toreo, también llora porque ya no verá más el hielo.

Comentarios
CULTORO PROYECTA SL Contacto Publicidad Aviso legal Política cookies
Calle Platerías número 41, Colmenar Viejo 28770 - Madrid - España - redaccion@cultoro.com
Desarrollado por: CMS Peridicos