Sábado 20 de Enero | 10:02 hs

NOELIA JIMÉNEZ
TINTA Y ORO

#orgullocultorito

Aviso a navegantes: si tienen la bilis a flor de hígado no sigan leyendo porque se les va a amargar el café

#orgullocultorito

Hoy he venido a hablar de nuestro premio, que no le dan a uno un torito made in Iranzo todos los días. Y, como diría mi abuela, que se mueran los feos (y donde digo feos, digan envidiosos, chupópteros y abrazafarolas, esto último en honor a mi padre, que luego se me aparece en sueños porque no le nombro en los agradecimientos).

Vaya por delante que nos lo merecemos. Me voy a ahorrar la falsa modestia porque no lleva a ninguna parte y yo ya he cogido demasiados taxis sin destino. El primero, el ideólogo, Juan Iranzo, un tío de los de quitarse el sombrero por su creatividad, por su entrega y porque es auténtico. Harían falta muchos Iranzos (de los de verdad, no de los de las tarjetas black) para darle una nueva imagen al toreo, pero resulta que Iranzos de verdad solo hay uno y lo tenemos nosotros. Que se… mueran los feos.

Luego viene el boss, un tal Hierro que en el fondo tiene el corazón blandito y la pluma de seda. Pero para escribir bien también hay que ser buena gente. Y a juntar letras igual se aprende, pero a lo otro… a lo otro no.

Con esto de llamarse Marco Antonio podría hacer el juego fácil de Cleopatra, pero resulta que María tiene más bemoles que todas las Cleopatras juntas, así que más quisiera la reina de Egipto que parecerse a la Mansilla en el ribete de la pintura negra del ojo. Ella, así como en silencio, tiene controlado al personal, administrado lo inadministrable, y hace ese trabajo tan callado como imprescindible de engrasar la maquinaria para que todo vaya saliendo como debe. Sin María hoy Cultoro sería… sería… bueno, quizá no sería.

Y no me olvido de Javier, el hombre de la tecla presta; de Bombito, el señor de los haluros; de Madois… perdón, de Madueño, el que algún día nos mirará a todos desde lo alto de una columna de postín (espero que no se te olvide dónde te creció el bigote, chato); de Lady, Milady, que nos da glamour y puntito pizpireta (apriétense los machos porque esta chica, aparte de ir mona siempre, ha creado escuela); de Cerezo, que hace el trabajo más feo (véase perseguir anunciantes); y de Emilio, y de más María, y de todos los pastores que cuidan de este pueblo… perdón, que me voy al ordinario de la Santa Misa (los curas sí que saben grabarnos letanías a fuego, ¿eh?).

Dicho esto, mi enhorabuena a todos los premiados (se dice así, ¿no?) y en especial al Foro de la Juventud Taurina por esta maravillosa gala (más de uno debería contrataros para organizar sus eventos, chicos) y, como no me lo esperaba y no se me da muy bien hablar (oigan, no digan que no me pongo en el papel), solo quiero dedicar la pequeñísima parte que me toca a mi marido, por no distraerme mientras escribo estas columnas; a mi hermano, porque sé que algún día el premio será para él; a mi madre, porque sí; y a mi padre, porque no. Y porque sé que allá donde esté le estará diciendo a Manzanares: "¿sabe, maestro? Usted era el torero de mi niña”.

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