Viernes 19 de Enero | 13:56 hs

EL REPORTAJE

Cuando había hambre...

... se comía uno hasta las piedras

Cuando había hambre...

Eran tiempos difíciles, los que me contaba un buen amigo, cuando me prestó las fotos que ilustran este humilde relato. Hoy en día, no es que sean mucho más fáciles, pero las dificultades, tanto para bien como para mal, son distintas.

Tiempos pasados atesoran, que hombres con escasos nueve años de edad, se echaban al hombro su vida, metida en un pequeño mantel, lleno de ilusiones y en busca de una oportunidad. Zapatos y zapatos gastados, frío y calor en sus huesos, recorriendo una España con hambre y con pena tras la fraticida guerra sufrida, por el ego del hombre, ese hombre que buscar ser superior, sin mirar a quién pisa o a quién golpea.

Esta historia de pequeños grandes hombres, no tiene ni una pizca de ese afán de superioridad. Eran hombres que se ayudaban, se protegían, porque entendían que la unión hace la fuerza, no la desunión que hoy vivimos. Luchaban juntos por un mismo interés, por una misma ilusión y por unas ganas de triunfar y ser algo en la vida, en SU vida, en el toreo.

Agapito García Serranito en su e´poca de maletilla

Maletillas recorrían los campos donde pastaba la cabaña brava, quizá buscando una tapia donde pudieran ver torear a un torero de la época y si tenían suerte, éste les dijera que si querían pegar algún muletazo. Otros, saltaban las tapias buscando ese becerro al que poder hacerle faena, aunque faena la que le hacían al ganadero toreándole a escondidas su tesoro. Poco a poco, y con más pena que gloria, esos maletillas se iban curtiendo y sintiéndose "importantes" porque el boca a boca hacía de las suyas y de vez en cuando, hasta les avisaban para algún tentadero, aunque como muestra la foto, a lo que pudieran dar algún que otro muletazo, fuese al buey, con zumba y todo.

Comían de la caridad y de lo que podían encontrar, porque venían de familias humildes que no podían gastar un real, porque ni si quiera lo tenían.

Pero los protagonistas de esta historia tenían un sueño y eso les alimentaba día tras día y noche tras noche, y no les hacía cejar su empeño en buscar su sueño. Vivían en torero porque querían ser toreros.

Cuando vi esta foto, me sorprendió un detalle: todos iban arreglados (dentro de sus humildes posibilidades) y el mocito alto de la derecha, me sorprendió especialmente lo perfecta que tenía la ralla en su peinado. Mi amigo, Agapito García "Serranito" empezó a reírse, ahí es cuando me di cuenta que era él y sus palabras fueron: "no teníamos qué comer, rompíamos el hielo de los pilones para lavarnos, pero nos gustaba ir arreglados, porque nos sentíamos toreros. Porque cuando hay hambre, uno se come hasta las piedras".

Esa frase me hizo recordar a una leyenda viva del toreo, un hombre que es una perfecta definición de lo que es ser un SEÑOR, D. Santiago Martín "El Viti". Y que nadie me lo tome a mal, porque no es mi intención la de ofender, si digo que antes se era torero desde que se levantaban hasta que se acostaban, cosa que hoy en día muchos olvidan cuando no tienen puesto el vestido de torear.

Y es que, actualmente, nadie tiene hambre y nadie come piedras, unos por demás y otros por de menos, porque por desgracia, el toro, ya no es el que manda...

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