Viernes 19 de Enero | 14:13 hs

EL TORO

La Casta Navarra

La Casta Navarra

Todos los indicios apuntan que este tipo de toro fue introducido en España a través de los Pirineos por los celtas. Se asemejaba bastante el primitivo Bos Brachyceros.

Primero se asentaron en las montañas navarras, bajando más tarde a las riberas de los ríos afluentes del Ebro y así paulatinamente hasta llegar al mismísimo Ebro. Son zonas en las que abundaban los pastos salobres, de los que se dice que dan mal carácter a los animales.

Las zonas más marcadas donde pastaron estos toricos royos, como les llamaban, fueron los términos de Tudela, Caparroso, Corella, y Santacara, dentro de Navarra, y en Aragón, Ejea de los Caballeros y zonas de las Cinco Villas.

Haciendo un poco de historia, en el año 1670 aparece la figura de Don Joaquín Antonio Beamuot de Navarra y Azcurra Mexia, Marqués de Santacara, como primer ganadero en cuidar y seleccionar esta casta bravía, formando el tronco de donde emanan las más prestigiosas vacadas navarras. Existe constancia de que en 1690 se lidian en Pamplona toros del Marqués y en 1701 la cesión a su capellán (Juan Escudero Valero) quien trasmite la ganadería (1715) a Martín Virto, vecino de Corella. Al tiempo, pasará a ser propietaria su hija Isabel de Virto y Luna casada con Antonio Lecumberri, que a su vez criaba toros en Murillo de Limas, siendo así como se enlazan dos ganaderías navarras.

Parece ser que la citada Isabel Virto de Lecumberri cede reses a su amiga Juana Pascual que es la cónyuge de Joaquín Zalduendo.

Por otra parte, Antonio Lecumberri Virto  (hijo de Antonio e Isabel) vende los restos de lo que fue de Santacara al tudelano Francisco Javier Guendulain (1774). Si a los nombres de Lecumberri y Zalduendo, que como vemos tienen ganado proveniente del marqués de Santacara, unimos el de Raimundo Díaz, habremos completado la trilogía de los troncos navarros de donde salen hierros de vacadas actuales cuyos encastes nada tienen que ver con los genuinos de su procedencia.

Estamos obligados a citar otros ganaderos que alcanzaron fama criando toros de esta mítica casta, como por ejemplo el Marqués de Jiménez de Tejeda, Felipe Pérez Laborda, los ejeanos Juan Murillo, Gregorio Ripamilán, Conde de Espoz y Mina o Nazario Carriquiri.

Los toros que más cartel alcanzaron de esta casta navarra fueron los del banquero Nazario Carriquiri, hombre bien relacionado social y políticamente, que compitieron con ganaderías castellanas y andaluzas.

¿Existe actualmente ganado de casta navarra?

Según los estudios de ADN llevados a cabo por el Instituto Técnico Ganadero (ITG) de Navarra, quizás no en una pureza del cien por cien, pero sí con un alto índice. Lo que sí es cierto, es que la decadencia del ganado navarro fue por la revolución en la lidia realizada por Joselito El Gallo y Juan Belmonte. Los toros navarros pasaron a ser inviables e inservibles para que los toreros realizaran una tanda de pases tal y como hoy vemos en las faenas modernas.

Cabe la posibilidad de que en México haya casta navarra con más autenticidad que en España

Volviendo a la historia, en 1528 Juan Gutiérrez Altamira, primo de Hernán Cortés, fue el primer dueño de la Hacienda de Ateco, situada en el valle de Tuluca y aconsejado por éste, hizo llegar desde España doce pares de toros y vacas navarros que fueron el fundamento de la célebre ganadería que ha llegado hasta nuestros días conservando fielmente las características del ganado de su procedencia

No solo Ateco, que es la ganadería más antigua del mundo, mantiene puntas de ganado navarro. Los hermanos Lecumberri Pando, descendientes de navarros, también tienen y han hecho llegar desde Aragón quince pajuelas de un semental de casta navarra propiedad de los hermanos Ozcoz.

En la actualidad, existen un número muy reducido de vacas de esta famosa casta, quedando algunas ganaderías en Navarra, Aragón y La Rioja, no sin el esfuerzo de sus propios ganaderos.

Hay muchas anécdotas relacionadas con toros navarros, pero la más famosa es la de Rafael Guerra Guerrita –le temo más a los picotazos de los mosquitos de Navarra que a los zarpazos de los tigres de Veragua– dejando patente que los toros de casta navarra durante muchos años fueron el terror de la gente de coleta.

FENOTIPO

Son reses de pequeño tamaño y escaso peso (brevilíneas y elipométricas) aleonadas, la cabeza es chata y más bien pequeña, ojos saltones y grandes, la mirada viva, cuello corto y ancho. Astas cortas y veletas, dándose en la mayoría de los casos forma de lira y de color caramelo.

Las capas o pelos de la casta navarra son las característicamente coloradas con todas las variedades de la gama (retintas y castañas), dándose también negras.

Durante la lidia hacían gala de una acusada agresividad, de una bravura seca. Aunque pequeños de cuerpo, demostraban sus facultades especialmente en el primer tercio de la lidia. Arrancaban con ímpetu contra los caballos proporcionando peligrosísimos batacazos a los picadores.

Se trataba de reses muy bravas, nerviosas, ágiles y duras de patas, inteligentes y astutas, ligeras, feroces, malhumoradas y pegajosas, saltaban con facilidad a los callejones, no como evidencia de mansedumbre, muy al contrario, como demostración de celo.

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