Viernes 19 de Enero | 14:12 hs

EL TORO

La raíz Jijón

Los toros de la tierra

La raíz Jijón

Originariamente no han existido grandes diferencias entre lo Jijón y sus parientes más cercanos "toros de la tierra", incluso hay tratadistas que lo meten en el "mismo saco" por su similitud, aunque la denominación jijona utilizada así exclusivamente, es para aquellos nacidos y criados en la zona de Villarrubia de los Ojos del Guadiana (Ciudad Real), donde la familia Jijón mantenía sus posesiones.

Las reses seleccionadas por esta familia ganadera adquirieron relevancia en la fiesta de los toros y consiguieron la consideración de casta fundacional.

Paralelamente, los ganados existentes en la zona centro y que tenían un origen semejante, como los de Colmenar Viejo y Riberas del Jarama, pasaron a denominarse "toros de la tierra".

Las zonas originarias de este tipo de toro comprendieron la franja centro de la península, abarcando las tierras de la Mancha, Montes de Toledo, orillas del Jarama, las estribaciones de la Sierra de Guadarrama y zonas de Colmenar Viejo. Aunque los veterinarios Don Francisco Zaragoza y Don Cesáreo Sanz Egaña mantienen la tesis  de que el lugar originario de esta estirpe era el valle de Alcudia, hecho éste que no ha sido lo suficientemente estudiado.

Con anterioridad al siglo XVII existían en las zonas anteriormente citadas grupos de reses bastante heterogéneos en su tipología. Dichas reses pertenecían mayoritariamente al real patrimonio que se destinaba casi siempre a abastecer la demanda de carne de la villa y corte. Aquí es donde aparece (hacia 1618) el primer ganadero de la familia Jijón, Don Juan Sánchez Jijón, intendente de la vacada real que decidió formar su propia ganadería.

Lo hizo aprovechando la magnífica posibilidad que le brindaba su cargo, y así con criterio un tanto caprichoso, fue adquiriendo las reses más finas de tipo y más bravías, buscando en ellas el denominador común del pelaje colorado, sobre todo el colorado encendido.

 

Don Juan apenas tuvo tiempo para avanzar más en el proceso de selección de su ganadería, dedicada por entonces y de forma básica a la producción cárnica. Tampoco destacó su hijo como ganadero, que mantuvo la vacada entre 1647 y 1684, año en que quedó en poder de su viuda. En 1693 se hacen cargo de la ganadería los nietos del fundador, Juan y José Sánchez Jijón, aunque fue el primero el que más se preocupó de seleccionarla y acreditarla, dedicándola a la cría exclusiva de toros para la lidia.

Así, con mucha paciencia y a base de muchos años de trabajo, se creó el toro de casta Jijona, que durante los siglos XVIII y XIX alcanzaron su máxima fama.

De los dos hermanos Jijón, sólo tuvo descendencia José de sus cuatro hijos. Dos murieron de sarampión , quedando con vida José Antonio Pantaleón Sánchez Jijón y Torres, y Miguel Sebastián Hilario Sánchez Jijón y Torres. Pero el infortunio hizo que quedarán huérfanos a muy temprana edad quedando a la tutela de su tío Juan, y después nombrados por éste a la de Don Hermenegildo y Don Dionisio que administran la hacienda hasta que José Antonio alcanzara la mayoría de edad, entonces 25 años, y su hermano Miguel quedáse a su tutela, porque sus tutores tuvieron desavenencias con los dos hermanos, sobre todo con el mayor.

En 1760 José Antonio traslada su residencia a Madrid. Allí, en la corte y con los bolsillos repletos de doblones de oro, se dediccó "a la buena vida", mientras que su hermano Miguel quedóse a cargo de la hacienda y ganadería. Este trabajador incansable hizo que sus toros alcanzaran el máximo esplendor. El hermano mayor, en Madrid y aprovechando sus relaciones dentro de la corte, se dedicó a hacer ventas de toros más o menos afortunadas.

En 1762 ocurrió el famoso pleito de los hermanos Sánchez Jijón. José Antonio que llevaba la voz cantante, ordena a su mayoral que ponga en camino un número determinado de toros con destino a Madrid. El mayoral, trasmite la orden al otro amo, y éste se niega rotundamente  sabedor del estado nutritivo de los toros, pues había sido un año de sequías y malos pastos.

Miguel no quería perder el prestigio que habían conseguido sus toros, así que no los dejó salir de la dehesa "La encomienda de Carrión", que era donde pastaban las reses jijonas.

Se lo hizo saber a su hermano José Antonio que se sintió ofendido ante el temor al ridículo que podía hacer ante sus amistades de la corte, y cegado por la soberbia e ira, con un carácter psicópata, fanático e inestable, no dudó en demandar a su propio hermano. El pleito duró 29 años.

En 1791 murió Don Miguel Sánchez Jijón, comenzando el declive de la ganadería. La hereda su hermano y a éste, en 1802, su esposa Leonor del Águila Bolaños. A partir de entonces, hubo sucesivas ventas y herencias desapareciendo todo vestigio de la familia Sánchez Jijón.

MORFOLOGÍA Y COMPORTAMIENTO

Los toros jijones han respondido al prototipo morfológico imperante que había en las ganaderías de lidia de los siglos XVIII y XIX, aunque con algunas características diferentes.

 

Tenían un tamaño corporal, alza y peso que los situaba entre los más grandes de su época. Su tipo era más bien basto, esqueleto desarrollado con huesos anchos, grandes y fuertes. Encornaduras muy desarrolladas, aleonados, cortos de cuello, con extremidades largas y la piel gruesa.

Las capas o pintas presentaban un absoluto predominio de las coloradas en toda su variedad, desde melocotón hasta el retinto, siendo especialmente abundante el colorado encendido, hasta el punto que ha llegado a nuestros días con la denominación de capa jijona.

El prototipo morfológico de los toros jijones es extrapolable a los llamados "toros de la tierra", derivados del mismo origen y asentados en las tierras madrileñas, sobre todo en las zonas de Colmenar Viejo. La diferencia estriba en el pelaje siendo el negro más abundante.

Los toros jijones eran de una bravura eminentemente defensiva, ágiles, poderosos, resultaban bravos y muy codiciosos en el primer tercio. Solían crecerse al castigo.

Duros de patas y en muchos casos resabiados y peligrosos, pero en cualquier caso la historia los describe como ejemplares muy defensivos y complicados para la lidia.

Según las crónicas de antaño, en "peligrosidad" los jarameños y colmenareños fueron los más terroríficos de su tiempo, y por ello, las figuras de entonces si podían, no se enfrentaban a ellos.

Los últimos vacunos de origen jijón quedaron extinguidos durante la Guerra Civil española, aunque desde finales del siglo XIX y principios del XX su regresión había sido considerable.

De este modo, aunque el conflicto bélico fuese la última causa de su desaparición, la escasa capacidad de adaptación de las ganaderías jijonas a la evolución del espectáculo taurino, las había condenado ya de antemano.

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