Domingo 21 de Enero | 05:16 hs

HALUROS DE PLATA

De Hasselblad, Platinotipias e Isabel Muñoz

En la Fotografía  siempre han existido diferentes formatos, unos más exitosos que otros a nivel comercial y más o menos utilizado a nivel profesional. Cuando hablamos de formato, nos referimos al tamaño de la imagen que capta la cámara (sea analógica o digital). A nivel comercial, el formato 24x36 en analógico y el APS-C  en digital quizá sean los más exitosos.  Pero a nivel profesional, un formato mítico es el formato medio.

 

El formato medio analógico, proporciona negativos de,  dependiendo la cámara que se utilice 6x6, 7x6 ó 6x4,5 cm. A mayor tamaño de negativo, menor factor de ampliación necesitamos y por ende, mayor calidad y tamaño en las ampliaciones.  Por ello el formato medio, los rollos de 120 o 220 fueron muy utilizados en Fotografía profesional. Todos recordamos una boda en la que el fotógrafo trabajaba con una cámara diferente, que disparaba muchas veces a nivel de la cintura.

Diversos fabricantes de cámaras han trabajado el Formato Medio ( Mamiya, Brónica, Rollei, Pentax, Pentacon, Yashica, Fuji ) en combinación con lentes de producción propia o míticas como Carl Zeiss o Sinar.

Pero de entre todas ellas, ya hemos comentado que los fotógrafos tenemos algo de fetichistas, una marca se nos viene a la cabeza cuando hablamos de formato medio, y esa es  Hasselblad. Victor Hasselblad, heredero de una empresa sueca de distribución de materiales fotográficos, desarrollo un concepto modular de cámara réflex para formato medio que durante muchos ha reinado en la fotografía de medio formato. Chasis de película intercambiables, un sistema de objetivos Zeiss intercambiables, proporcionaban una magnífica calidad de imagen.

 

 

Verdaderos mecanismos de precisión, tanto que fueron las cámaras que la NASA utilizó durante cuarenta años de carrera espacial,  entre ellos proporcionando las imágenes de las misiones Apolo. Trece cuerpos de esas cámaras reposan en la Luna (había que aligerar peso), los chasis volvieron cargados de película a la Tierra.

 

La cámara no deja de ser una herramienta, y cada fotógrafo la adapta a sus necesidades y  a su lenguaje fotográfico.

Un ejemplo de ello es Isabel Muñoz,  usuaria de formato medio durante muchos años , porque era la herramienta que le permitía obtener la calidad que necesitaba para sus copias de gran tamaño.

Posiblemente una de las más grandes y reconocidas fotógrafas españolas, galardonada  la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes 2009 y la obtención en dos ocasiones del World Press Photo  y,  con obra en museos como el  New Museum of Contemporary Art de Nueva York, Contemporary Arts Museum de Houston,  la Casa Europea de la Fotografía (MEP) en París y en importantes colecciones privadas.

 

Isabel Muñoz muestra en toda su obra, una búsqueda y  pasión por el cuerpo como forma de aproximación al estudio del ser humano. Una pasión que ya desde sus primeras series, Tango y Flamenco (1989), marca el inicio de un recorrido por numerosas culturas en las que busca capturar con su cámara la belleza del cuerpo humano, abarcando desde sus bailes y luchas tradicionales hasta ciertas realidades y problemáticas en las que Muñoz decide centrar la mirada estableciendo un compromiso social.


 

De formación inicialmente autodidacta, decide matricularse en la escuela Photocentro y continuar estudios en EE.UU. Dentro de su obsesión por hallar un soporte idóneo donde reproducir  la textura de la piel, investiga con procesos antiguos como la cianotipia , para acabar llegando a la Platinotipia.

Esta técnica, consistente en emulsionar de manera artesanal con sales de platino y hierro un papel (en el caso de Isabel papel para acuarela) obteniendo las copias mediante contacto de un negativo del mismo tamaño que el papel y, tras un complejo revelado y lavado manual de cada copia,  proporciona una durabilidad y una calidad tonal inigualables.

De entre todo su trabajo, Isabel Muñoz tiene una serie dedicada exclusivamente a la Tauromaquia. Reproduzco a continuación la magnífica entrevista que nuestra compañera Noelia Jiménez realizó para Cultoro la primavera pasada:

Nos recibe entre Eros y ritos, entre calaveras santificadas que en Bolivia llaman ñatitas y bailarinas embadurnadas de barro sagrado y cubiertas por máscaras precolombinas que cantan a ese yo oculto que todos escondemos bajo la cara que mostramos; entre hijras, sexualmente ambiguas pero poderosamente sensuales, y maras, duras, de mirada hiriente y contumaz.

Porque entre el amor y el miedo, entre la felicidad y el dolor, se mueve la obra de Isabel Muñoz, que se acercó al mundo taurino "por su plasticidad, por la belleza de los movimientos, por la sensualidad que rodea el espectáculo".

Fue por los noventa, aquella época en la que Curro aún vacilaba del éxtasis al abismo en una suerte de "descendimiento" que Isabel Muñoz retrató en Tauromachies(Ed. Plume, París). En aquella década dorada de Joselito, "el torero que más me ha gustado fotografiar", confiesa la artista: "me sorprendía constantemente. Una vez le pedí que agarrase fuerte un capote y me miró muy serio y me dijo: 'Isabel, el capote no se agarra, se acaricia'. Aquello me sirvió mucho en mi mirada fotográfica del toreo".

Y esa mirada es la clave. Y consiste en poner el corazón en la pupila. Y si no hay corazón no hay foto. Porque puede disparar cualquiera, pero solo los artistas que aman son capaces de contar. "Para ser capaz de amar hay que sufrir mucho, ¿eh?", asegura Isabel Muñoz, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y ganadora del World Press Photo en dos ocasiones; "y eso también tiene mucho que ver con el toreo: nadie disfruta de la felicidad sin su ración de sufrimiento".

Bailarina frustrada, la fotógrafa catalana afincada en Madrid ve en cada lance una suerte de coreografía, una oportunidad para plasmar la imagen de la elegancia, para redescubrir el movimiento. Y todo con sumo mimo, como muestra el único ejemplar que le queda de su Tauromachies: "la cubierta está hecha con tela de muleta y junto a las fotos hay textos de distintos autores, españoles y franceses, que seleccioné yo misma. Y el diseño de Manuel Estrada es simplemente magnífico", cuenta, acariciando cada página como si acariciase la cara de sus nietos justo tras el beso de buenas noches, justo en ese momento en el que todos nos quitamos las máscaras, cuando Isabel Muñoz es simplemente Isabel, los toreros son solo hombres y los niños siguen siendo pureza.

 


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