Viernes 19 de Enero | 14:23 hs

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Recortadores, los toreros más antiguos

La primera forma de tauromaquia se produjo a cuerpo limpio

Recortadores, los toreros más antiguos

Uno de los acontecimientos taurinos que más predicamento está adquiriendo en los últimos tiempos en el centro y norte de España es, sin duda, el festejo de recortadores, una fiesta de toros en la que se sublima el valor y la destreza física del hombre y en la que las suertes a cuerpo limpio nos trasladan en la historia hasta los mismos orígenes de la tauromaquia, cuando los saltos, quiebros y carreras, o sea, el toreo con las piernas, aún no había dado paso al toreo de la quietud, el que se ejecuta con los brazos y el que inventó el sur.

Trasladémonos pues a los brumosos principios de la tauromaquia para entender el significado de un espectáculo que vuelve con la fuerza a las plazas en los albores del nuevo milenio. Viajemos al Aragón del siglo XIV, al Medievo, cuando entre el hombre y la fiera, solo terciaba el instinto de supervivencia y cuando sobre ellos solo planeaba el imperio de lo atlético; y recordemos  que entonces los saltos eran las suertes favoritas de los públicos de Navarra, País Vasco, La Rioja, el norte de Castilla o Aragón, la cuna de la tauromaquia.. Es precisamente de ese tiempo cuando los cronistas se refieren a esos dos matatoros zaragozanos, uno moro y otro cristiano, que fueron a la Pamplona de 1370 para deleitar a sus gentes con sus recortes contratados por el Rey Carlos II El Malo. Quizá ellos sean los dos primeros recortadores de la historia, por lo menos los dos de los que existe constancia documental.

Luego han irrumpido en las plazas hombres que realizaron suertes increíbles por pasmosas, seguramente porque el apego a la vida era menor que ahora. Hablan los libros del bizarro Martincho, el de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), aquel que inventó el salto con grillos y que inmortalizó Goya en uno de sus aguafuertes –Consistía tal suerte en colocarse frente a toriles sobre una mesa con los pies atados por grilletes. Cuando acometía la res de salida, el valiente saltaba por encima del toro para caer tras de sus cuartos traseros-.

También hablan del navarro Juan Apiñani, el que comenzó a saltar con la garrocha, quizá la única suerte que ha llegado viva a nuestro tiempo; o del propio Licenciado de Falces, del que don José de la Tixera, en su obra "Las Fiestas de Toros" (1802), habla así: "Fue imponderable diestro, con singularidad en hacer recortes o cuarteos a los toros. Los saltaba en la más rápida carrera con mucha facilidad, a todo lo que contribuía principalmente su extraordinaria ligereza".

Seguramente don José de la Tixera quedó maravillado por la gallardía del torero navarro en su salto "al testuz". Consistía semejante machada en esperar quieto la embestida de la res para una vez llegada a jurisdicción, y aprovechando su natural humillación, colocar un pie sobre el testuz del animal y aprovechar su la fuerza de su inercia para caer por detrás de sus cuartos traseros. Alguien, con no poca guasa, dio en llamar a tal salto el de "la eternidad" por el número de toreros anónimos que se debieron dejar la vida en el intento.

Es de reseñar que de este brinco viene la variante actual del salto del ángel que hiciera famoso en 1878 el écarteur Paul Daverat, un saltador originario de la región taurina de las Landas francesas; sin embargo, tal suerte la practicaron antes reconocidos toreros como Paquiro, Cayetano Sanz o posteriormente el mismo Gallito.

Otro torero, Rafael Guerra Guerrita, también levó a cabo en sus inicios profesionales el salto que se dio en llamar "Al trascuerno" –Consistía en pasar por encima y detrás de las astas del animal, de forma perpendicular a él, aprovechando el cite de otro diestro-.

Queda claro que el concurso de recortadores actual tiene una larga tradición que no se debe obviar, ya que su resultado es la suma de una larga historia de tauromaquias llevadas a cabo por toreros anónimos desde la misma Edad Media. Por eso no nos sorprende su éxito. Su esencia circula de forma inevitable entre la sangre de los españoles.

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