Viernes 19 de Enero | 14:28 hs

SENTADO EN MI DEHESA

El canto del adiós

El canto del adiós

El otro día volví por tus corrales y cercados y ya no estabas. Tu amo te dio, por tu longevidad, camino para tierras más bellas, lejanas y altas, por encima de las nubes.

Y te eché de menos, pues dentro de tus quince años, que es vejez bovina, has tenido tu papel, no por secundario menos importante en mis vivencia taurinas.

Ya ves, viejo armatoste, que podía haber cantado a toros famosos que han orlado de bravura y triunfo torero los anales de la tauromaquia. Pero uno, que en sus años juveniles solamente aspiraba a la condición de mayoral, lejos del relumbrón de amo y ganadero, sabe conformar y confortar su afición con hazañas tan modestas como las tuyas.

No sé si como dice la zamba pampera, si hay cielo para el buen caballo. Mas si hubiera para los buenos cabestros, seguro que el empresario celestial, que debe ser San Lucas por aquello de la vaca bíblica, habrá regalado a tu bonancía algún yerbío de verde inmensidad.

Aquí abajo, en mi cuaderno de notas, te he reservado unas páginas, boyazo aristocrático, para que perdures en el recuerdo y así sacarte de los entresijos del armario librero cualquier tarde  para  decírselo a mis nietos como si fuera un cuento – dibujo incluido -y así se dormirán reviviéndolo en las noches de azul y luna del largo invierno.

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