Martes 16 de Enero | 16:18 hs

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El Año 2017 de... José Garrido

Un repaso pormenorizado por lo que ha sido una temporada de consolidación del matador de toros extremeño José Garrido, uno de los puntales jóvenes de la Tauromaquia

MANIZALES, BOGOTÁ, AUTLÁN DE LA GRANA, AMBATO, OLIVENZA, MADRID

Pronto, el 4 de enero, comenzó José Garrido su campaña americana en este año 2017: fue en la Feria del Café de Manizales en un festejo en el que con poso y entrega paseó una oreja al encierro de Santa Bárbara. No dejaría tierras colombianas, porque su siguiente parada, un mes más tarde, fue la de la Feria de la Libertad en la Santamaría de Bogotá… y qué parada fue la de José Garrido en la feria en la que regresaban las corridas al emblemático coso americano.

Logró indultar al segundo ejemplar de su lote, un astado de Mondoñedo con el que el torero se entregó de principio a fin para lograr finalmente el perdón de su vida. Brillante encuentro del extremeño, que debutó aquella tarde en el coso bogotano y se llevó en el bolsillo a aquella bendita afición.

Unos veinte días estaría sin ponerse el traje de luces, y fue en la ciudad mexicana de Autlán de la Grana, siendo ovacionado frente a un mal encierro de Begoña. Un día más tarde, su parada era la feria ecuatoriana de Ambato, donde paseó con una corrida de Vistahermosa para cortar dos orejas del segundo ejemplar de su lote.

Ya cruzado el charco, su tierra vio cómo iniciaba campaña europea: la feria del Toro de Olivenza vio la disposición de José Garrido cortando una oreja del segundo toro de su lote con el hierro de Zalduendo. Esa cita le serviría para coger carrerilla para hacer el paseíllo en la primera plaza del mundo, reeditando el mano a mano venteño con Curro Díaz de la feria de Otoño del año 2016 pero en esta ocasión en el Domingo de Resurrección. Pero segundas partes nunca fueron buenas, y en este caso la culpa la tuvo el deslucido encierro de Montealto que no propició el triunfo para ninguno de los matadores que hicieron el paseíllo aquella tarde en Madrid. Pero lo mejor de su campaña estaba por llegar… ahora la Real Maestranza de Caballería de Sevilla juzgaría su momento. 

CRÓNICA SEVILLA

Cual si no hubiese mañana. Así salían al albero del Baratillo tres chavales que podrían haber apuntado a jugones, como hacen la mayoría de su edad, pero prefirieron buscar el futuro exponiendo la vida a cambio de gloria. Porque hoy, para ellos, no existía el mañana. Aunque para alguno fuese una frase y las casas que los respaldan se empeñen en enmendar una tarde en Sevilla. Como si eso fuese posible.

No. No había mañana para José Garrido cuando se fue al altar de los sustos sin dar tiempo a respirar a la casi media plaza que ocupaba los tendidos. No lo había cuando le jugó los brazos con soberana cadencia al primero en un saludo a la verónica de reventar La Maestranza. Seguro, consciente, ambicioso. Descargando su peso en el compás abierto, encajando el riñón hacia el embroque del toro. Gobernando la arrancada con la mano de fuera, acompañando el sentimiento con la que vuela a la ingle. Y así media docena de veces para sorprender en el remate con una larga del revés. No había mañana cuando le arrastró la mano a la humillación del burraco para jartarse de torear la calidad del Torrestrella en chicuelinas de ajuste, de compás, de adictivo sentimiento. Y aún no había cogido la muleta...

Pero cuando lo hizo ya no había gas en un burraco sin fondo que se le escurrió entre las manos. Y el mañana que entrevió debió esperar hasta el cuarto, un torazo de forma y fondo que fue de largo el mejor del encierro. Ese se le vino codicioso de salida al percal, sin dejarlo respirar al enmendar la figura en un palmo para aprovechar el viaje con el espacio justo para volverse a encajar. El empleo del bicho y el temple del extremeño se conjugaron en un momento mandón para ralentizarle los bríos al toraco embestidor. Y volver a ver futuro en la humillación de una embestida. Porque allí estaba.

Estaba en la boyantía humilladora que le sacó en el inicio, en el empuje entregado con que le tomó la muleta a diestras, a más cuanto más le exigía Garrido -transmutado en superhombre- a un Ruidoso que fue más de nueces. Sintió en pacense un futuro que le hormigueaba los dedos, que le picaba en las muñecas cuando le echaba la bamba abajo y el vuelo volaba rastrero para conducirle la clase. Se vio indispensable en las ferias cuando la media distancia se convirtió en tiro largo para vaciar el final metro y medio más allá. Se supo mucho más caro Garrido cuando le sacudió un sopapo que le mancilló el morrillo y cayó sin más historia el primer toro con nombre que se recordará en la feria. Pero fue solo una oreja. Y le supo a poco a José, después de pisar este ruedo cual si no hubiese mañana.

MADRID EL PILAR

No tuvo demasiada suerte en su primera tarde en la Feria de San Isidro de Madrid, prácticamente abriendo Feria, en la que su lote de El Pilar no fue el propicio para el triunfo. Pero le esperaba un segundo compromiso en la Feria, el que llegaría con la corrida de Fuente Ymbro, con la que dio la cara con creces especialmente frente al sexto toro del encierro.

CRÓNICA MADRID FUENTE YMBRO

La palabra inevidencia no existe. O no existía hasta hoy en ese diccionario que la RAE abre cada vez más al lenguaje coloquial y a las palabras ataúd. De hoy en adelante, la definición de inevidencia será la siguiente: dícese de la actuación importante de un torero que el tendido no sólo no es capaz de ver, sino que, además, pita. Eso, que es para mear y no echar gota, que dicen por mi tierra, es lo que le sucedió hoy en Cuatro Caminos a un José Garrido que esta noche es un poco mayor en su toreo, un poco más maduro en su concepto, un poco más cercano a las metas que busca y un poco más consciente de lo que es pasar paquete con un toro sin que lo entienda ni Blas.

Hoy a José le pidieron los dos las credenciales de torear, y los dos se le cuadraron en firmes una vez que terminó con ellos. Porque la espada al cincuenta por ciento le quitó el premio en el tercero. Eso, y darle unos tiempos largos a un animal que sí, estaba aplomado, pero se diluyó Madrid entre el gintonic que cabía entre tanda y tanda. Por eso se percató Garrido, tras el soberbio arrimón ante el muro que tenía delante, que las bernadinas eran el pase a la media gloria que tenía en sus manos. Pero le quitó la otra media una estocada que, estando en buen sitio, sólo medió la muerte del animal. Firmeza máxima en el sexto… la que le da la gloria independiente de saberse libre con su muleta y su espada.

DE NIMES A AZORES

Otro de los zambombazos cruciales en su temporada llegaría en la Feria de Pentecostés de Nimes, tarde que cerraba el abono en el coliseo francés y en la que indultó un toro con el hierro de Vegahermosa. De principio a fin comprendió José Garrido lo que le pedía aquel animal para ir sacando paulatinamente las extraordinarias virtudes del astado. Hasta que finalmente se le perdonó la vida y salió triunfante a hombros del escenario galo el extremeño.

De Nimes, a tierras granadinas, donde trenzó el paseíllo en la feria del Corpus el día 16 de junio. Frente a un encierro de El Torero, Garrido paseó una oreja. Tres días más tarde, tierras salmantinas esperarían al matador, también en la Feria del Corpus, pero en este caso de Ledesma. Un encierro de Hermanos García Jiménez le sirvió para pasear oreja y oreja y salir en volandas entre la afición charra.

El día 23, la Feria Real de Algeciras, otra de las plazas de su apoderado José María Garzón, le vería hacer el paseíllo, donde cortó una oreja con la corrida de La Palmosilla. A hombros se fue una jornada más tarde en su tierra, en la feria de San Juan de Badajoz, en un mano a mano que compartió con Joselito Adame con toros de El Torreón. Y de su tierra hasta tierras galas, porque un día más tarde hizo el paseo en la localidad francesa de Saint Sever con una corrida de El Pilar en la que fue silenciado.

Voló hasta tierras portuguesas, en pleno atlántico, para torear en las Sanjoaninas de las Islas Azores una corrida de Rego Botelho. Dos vueltas dio aquella tarde del 2 de julio, festejo que precedería al de su comparecencia en la feria del Toro de Pamplona.

CRÓNICA PAMPLONA

La Ventana del hambre ganó la apuesta de hoy en Pamplona. La de Garrido, que se llevó junto a Ureña la tarde, que a punto estuvo de pasearle dos al único que no fue de El Puerto y que le demostró al sistema la difícil facilidad de intentar interpretar su concepto, una vez más, a la contracorriente de la falta de enemigo. Hambre tiene el pacense para dar y tomar aunque la triple tarde venteña se salvara por la campana del sexto de su última tarde porque sus oponentes no le dejasen romperse. Luego fue Nimes la que recuperó al torero que quiere ser, Algeciras y Badajoz sacaron lo mejor de su concepto y ahora Pamplona, aunque no lo ha visto torear, sí ha experimentado cómo muerde La Ventana del futuro.

Lo demostró Garrido en el arrebato de hinojos para explosionar el tendido, en la raza de sus dos tandas siguientes a ese sexto, en la proposición humillada al castaño y en aguantarle firme los embroques al "fraile”. Todo de menos a más: el cruzarse, el desplantarse y el ganar en actitud más que en toreo fue clave para, tras epílogo por manoletinas de perfil y luego con el compás abierto, consolidar el doble premio que no llegó por la mala espada. Sólo una paseó José. Al "Billetito” tercero le intentó bajar la mano como receta a su condición correosa y mirona, pero nada consiguió el joven sino caras altas, mansedumbre descarada y sentido desarrollado conforme pasaban los minutos.

DE MONT DE MARSAN A ZAFRA

Mont de Marsan y su feria de La Magdalena le esperaría tras su tarde de Pamplona. Una corrida de Torrealta fue con la que hizo el paseíllo Garrido, cortando una oreja en la tarde del 22 de julio. Cuatro días más tarde torearía en Santander la corrida de Adolfo Martín… y a pesar de que el tendido no se dio cuenta de la importancia del toreo del extremeño, en el aficionado caló su actitud frente a un encierro nada fácil. Los silencios, ni mucho menos, cantaron lo que en el coso de Cuatro Caminos y frente a esa corrida realizó José Garrido.

Saintes Maries de Mer fue su siguiente cita el 5 de agosto, matando una corrida de Antonio Bañuelos frente a la que paseó una oreja. De ahí, a la plaza real de El Puerto de Santa María, tarde importante en su temporada y en la que paseó un apéndice al encierro de La Palmosilla en el coso real.

El día 14 Gijón vería cómo hacía el paseíllo Garrido con la corrida de Domingo Hernández, siendo ovacionado en el coso de El Bibio en plena feria de Begoña. Málaga sería su siguiente parada, el 15 de agosto, tarde en la que fue silenciado con la corrida de Fuente Ymbro.

De tierras andaluzas, a riojanas, porque Alfaro le vería torear el 16 de agosto una corrida de Alcurrucén en la que paseó una oreja. También Guijuelo fue parada obligatoria para el diestro, tarde en la que se llevó al esportón hasta tres orejas en un mano a mano con un figurón como Julián López El Juli.

No hubo suerte este año en su Bilbao, pues la única tarde en el abono en la que estaba acartelado su lote de Domingo Hernández no empujó al triunfo ansiado del extremeño en ese coso del Botxo que conoce como su casa. Pero la alegría llegaría en su doble tarde en la feria de San Julián de Cuenca: el triunfo de la primera tarde cortando cuatro orejas a la corrida de Zalduendo le serviría para alternar con Ferrera y Roca Rey en el cierre del abono para pasear una valiosa oreja con la corrida de Montalvo.

De nuevo viajaría su furgoneta hasta tierras galas, en Bayona, donde fue ovacionado con una corrida de Antonio Bañuelos. El 6 de septiembre, y abriendo la feria de Ntra. Sra. De San Lorenzo de Valladolid, una oreja cortó Garrido de un toro de Hermanos Sampedro, siendo ovacionado con el segundo de su lote de Torrehandilla.

Valencia de don Juan le seguiría en suerte, tarde leonesa en la que paseó dos orejas de una corrida de Galache. Y de ahí, a Albacete, donde cortó un apéndice del encierro de Torrestrella.

Cruzaría de forma express el charco José Garrido para torear una corrida de Begoña en Zacatecas, México, en la que paseó una oreja el 16 de septiembre.

Ya el día 20, en el coso de La Ribera de Logroño, una oreja fue el premio del encierro de Juan Pedro Domecq que le tocó en suerte antes de alternar en mano a mano con David Mora en la feria cordobesa de Pozoblanco con una corrida de Alcurrucén.

Zafra, su tierra, vería cómo estaba terminando la temporada del joven. El 30 de septiembre salió en volandas cortando dos orejas a la corrida de Zalduendo.

Escrito por CULTORO

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