Martes 16 de Enero | 16:05 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE BILBAO

Con la crueldad de un niño

Vistalegre se pone de parte del toro en un mano a mano más que sólido entre Curro Díaz y Paco Ureña

MARCO A. HIERRO / FOTOGALERÍA: EMILIO MÉNDEZ

Los niños ríen, lloran, gritan y juegan con la máxima verdad, aunque no sepan bien si esa verdad es más o menos absoluta. Los niños no han aprendido aún que la crueldad se puede mitigar con actitudes, con ademanes, con cariños. Pero no han aprendido, sobre todo, que no siempre llevan razón en su forma de actuar.

Como un niño se portó hoy la plaza de Bilbao con Curro Díaz, después de jugarse el tocino con un quinto renegado y sin entrega que tenía más disparo bajo la piel de cordero que la calidad que aplaudieron. Puede y debe Vistalegre expresar sus emociones, porque eso es, a fin de cuentas, el toreo. Pero también puede y debe reconsiderar su postura con un torero cuarentón y maduro que hacía hoy su primer paseíllo en el Botxo después de 18 años de alternativa.

Es el norte zona de currantes y gentes sinceras, y gusta allí que se sude cuando no hay otra solución. Por eso extrañan los pitos al currazo compuesto y expuesto de un artista del toreo que se irá hoy pensando qué hizo mal para que no le entendiesen. Yo me pregunto lo mismo. Porque los cites de frente, la bamba en el morro y el seguro vuelo a zurdas cosiendo la desarraigada embestida supieron a superhombre a los profesionales que había. Y se va ese tío a su casa escuchando pitos de limón después de haber estado hecho un tío.

Lo midieron con crueldad a Curro, con la crueldad de un niño. Y con memoria de pez para olvidar los cambios de mano, la intensidad de la faena, lo medido del trasteo y lo justo de los muletazos, interpretados como cicateros por una concurrencia que pidió andamio, pico y pala. Olvidó Bilbao los naturales del de Jaén al abreplaza, ese mentón en la corbata con el gesto concentrado, esa muñeca de goma para manejar los vuelos y esa cintura cimbreante para acompañar con gusto el desmayo de máxima expresión.  Hubiera necesitado raza, entrega y repetición en los tres que tuvo delante, pero no siempre se tiene lo que uno sueña.

Lo sabe bien Paco Ureña, ahora que pasó la tarde. Porque también el murciano dejó sentado en Bilbao que no se puede torear con mayor verdad y pureza, a pesar de que en el sexto se le viniera encima la falta de triunfo. No hubiera estado mejor esta tarde si hubiese paseado algún despojo, pero hubiera lucido más al aficionado de apuntarse al carro del éxito. Porque la mano derecha de Paco se juntó con su propuesta, se amarró a su firmeza y se conjugó con su valor para someter, mimar y cuajar la movilidad del segundo, tal vez el mejor del encierro, tal vez el único que se pareció vagamente a un toro de Victorino. Con ese lució su enganche, degustó el lento trazo, se sintió en los remates y se vio profundo al vaciar arrancadas. Porque lo estuvo. Aunque la crueldad del niño chico con se comportó hoy Bilbao se fijase más en su nefasta espada.

En ella y en Victorino, que sabe a estas horas bien que esta no es la corrida que esperaba. Si hay algo que exigirle a los cárdenos de Las Tiesas es que derrochen la raza que se les cacarea en los mentideros. O que tengan la bravura humillada que esperan los profesionales. Pero ni la alimaña salió en un encierro vulgar, al que tapó Vistalegre por su crueldad de niño chico. Doctores tiene la Iglesia.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Vista Alegre, Bilbao. Sexta de las Corridas Generales. Corrida de toros. Media entrada en el tendido.

Seis toros de Victorino Martín, bien presentados y en tipo. De buen fondo sin fuelle el enclasado primero; con raza y voluntad el exigente y buen segundo; noble, informal y sin entrega el pasador tercero; espeso y renuente el deslucido cuarto; sin entrega ni raza el simplón quinto, aplaudido en el arrastre; deslucido, gazaapón y vulgarón el sexto.

Curro Díaz (palo de rosa y oro): ovación, silencio y ovación.

Paco Ureña (verde hoja y oro): ovación, silencio tras aviso y silencio.

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