Martes 16 de Enero | 16:11 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SANTANDER

El arca de Noé

Dos novillos extraordinarios de Zacarías Moreno y otros dos potables en un festejo en el Colombo cortó la única oreja; Daniel Menes no tuvo su mejor tarde y Pablo Mora acusó falta de rodaje

MARCO A. HIERRO

"Aquel día fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas del cielo fueron abiertas, y hubo lluvia sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches”. Apenas fueron tres las que el cielo cayó sobre Santander, pero acercó el relato bíblico a un Arca de Noé que sabe ser lista con el hábil, dura con el frágil y cruel con el torpe. Si algo tiene el toreo o lo que queda de antiguo en él, es la capacidad selectiva para aguardar el futuro a los que lo valen de veras. Y suele pasar que este mercadillo de la Fiesta se parece en ocasiones al arca de Noé: hoy seleccionó a los momentos de los que se pusieron delante una novillada para estar en las Ferias.

Novillada a modo, con sus caras amables, su trapío por detrás y su fondo en el interior. Para poner en el toro de la carretera a Menes y Mora, para gastarle las ruedas que su motor tenía y para derrochar la gasolina de plaza en plaza que segundo y tercero derramaron sobre Cuatro Caminos. Y también suele pasar en esto del sino taurómaco que, a veces, éste elige al menos venturoso para ser destinatario de su tesoro, y la perla de la temporada que se llama Jesús Enrique Colombo bailó sobre el diluvio bíblico con la pareja más fea antes de subir a bordo.

Porque el Arca de del diluvio universal que hoy cayó sobre Santander tenía la capacidad selectiva de elegir a los dos más capaces para que la descendencia fuese fructífera… y la ratita lista venezolana se llevó la oreja del descendiente de Adán, sobre todo, por la proposición presta que mostró durante toda la tarde y lleva haciendo toda la campaña. De nuevo vino a Santander a tirar la moneda a la antigua, a quemar el último cartucho, a combinar la seguridad con la tranquilidad para saberse libre ante el peligro acechante del sistema.

Tuvo Colombo la perspicacia de ser diligente para saber soltar el cuervo que llevaba dentro y otear cuándo había o no tierra en las aguas. Entonces, cuando la avistó en el inicio de faena del cuarto al que le cortó el premio, echó el ancla del valor plomizo mar adentro. Y cuando no, también, porque ya también lo hizo en ese primero que tenía mucho de zorrón y tan poco de agradecido que dos golpes en el rostro evitaron su desgracia. Tuvo agallas para darle fuego a ese "Diablillo” abreplaza justo por donde el maligno no quería: por abajo. Hundido en la arena se los propuso Jesús Enrique y con la cara por el infierno viajó el desagradecido animal a pesar de que su condición era volar por el rostro del joven, como en un par de veces le amenazó con sus cuchillas.

Pablo Mora también quiso proponer puro pero las circunstancias le llevaron a no cuajar en su primera novillada del año y el Arca se comió su única oportunidad en el estío. Intentó cogerle la distancia al tercero pro no logró fruto. En el sexto, la mala espada se comió el ímpetu demostrado. Capacidad selectiva tuvo el Arca con un Daniel Menes que no tuvo su tarde. Lote para ponerse en las Ferias, pero no es la raza buena amiga si no va acompañada de la despaciosidad cuando un novillo te embiste para soñar el toreo. Por eso a veces es mejor cambiar el portón de los sustos por dar el susto al final, meter el acero aunque sea caído y enloquecer cuando el tendido tiene ya en la mano el moquero. La capacidad selectiva de este negocio del toreo se lo enseñará a Daniel.

Antes de eso, el pico lo pondrá Colombo junto al Nuevo Testamento que le otorgará Ponce en Zaragoza, donde el ruedo de La Misericordia ya le espera con la rama de olivo que le augure la descendencia selectiva que el Arca le otorgó en este ecuador de campaña. Pero eso forma parte de otra lección bíblica…

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Segunda de la feria de Santiago. Novillada con picadores.

Seis novillos de Zacarías Moreno, de buena hechura y correcta presencia. Áspero y rajadito el defensivo primero; enclasado y largo el boyante y gran segundo, ovacionado en el arrastre; con fijeza, prontitud y clase el bravo tercero, ovacionado; de calidad a menos el noble y entregado cuarto; manejable pero rebrincado el vulgarote quinto; pasador sin codicia el esmirriado sexto, que no estaba en la novillada y salió por error.

Jesús Enrique Colombo, ovación y oreja.

Daniel Menes, silencio y silencio.

Pablo Mora, silencio y ovación.

 

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