Martes 16 de Enero | 16:12 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SANTANDER

Los despojos y los días

Un público tan amable como soberano sacó en hombros a Alejandro Marcos el día de su alternativa, junto al padrino, Manzanares; el testigo, Talavante, se marchó a pie tras crear lo más rotundo

TEXTO Y FOTOS: MARCO A. HIERRO

 

Decía el padre Viñas, mi viejo profesor de Latín prima non datur et ultimam dispensatur, y así comenzaba cada nuevo curso su sempiterna asignatura. Significa la frasecita que la primera (clase) no se da y la última (clase) se dispensa. Suele ser más amable el día que uno comienza en algo. Se empieza con voluntad, con actitud, con ganas de demostrar tantas cosas que ni siquiera uno es muy consciente de cómo conseguirlo, pero también se recibe el calor de los que te arroparán esta primera vez para luego medirte con mucha más severidad.

Hoy se doctoraba en Santander el charro Alejandro Marcos, el tercer salmantino que recibe en Cuatro Caminos la borla de matador. Y más de media Charrería se vino a arropar al paisano. No les defraudó Alejandro, que rayó a buen nivel con las telas en la mano, pero ya tendrá días para pasear premios; hoy dejemos que saboree los despojos.

Porque sacó actitud y recursos para enfrentarse al díscolo primero de Olga Jiménez, que no le dejó expresar con el percal todo lo que encierra su tela rosa. Ese toro, el de la ceremonia, fue un examen sorpresa para el que quería su licencia, porque no pueden esconder aguas más agrias unas hechuras tan bellas. Bruto, renuente, remiso a la humillación, geniudo y con disparo. Un regalo para convertirse en matador. Y con ese, de celeste y oro y de riguroso estreno, se fajó Alejandro sin aburrirse, pero sin posibilidad de profundizar para recibir las palmas del público, que comprendió la frustración de que los sueños le salieran al revés.

Lo importante llegó en el sexto, un toraco de seis quintales y medio con trana y lomos para alimentar un albergue. A ese sí le deslizó tres verónicas buenas en el saludo, con una media asolerada, castellana y recia. Tanto como lo fue el asiento de las chicuelinas del quite, mientras el toro se movía y se desplazaba con codicia detrás de los vuelos charros. Parecía que iba a ser. Parecía que el zambombo de un encierro de sorpresivo enlotado iba a ser el mejor material. Pero se le fue yendo el fuelle después del fulgurante inicio de afarolado de hinojos, de paso ganado hacia los medios, de firma desmayada y de buena intención. Porque esa, la intención, fue lo único que no perdió el burraco de Matilla, y de eso se aprovechó Alejandro. La muleta al piso, que humillaba el animal; las piernas firmes y la figura erguida, como manda el canon charro, porque si hubo una nota positiva que sobresalía de todas las demás en Alejandro, el de La Fuente, es que llegó preparado. Y así debe mantenerse las que le queden por venir, porque una actuación de sumar, como fue la de hoy, se premió en exceso con despojos de pasear, pero deben llegarle días de premios que alimenten tripa y pecho.

Lo sabe bien Manzanares, que tiene un embroque tan privilegiado, un empaque tan natural y un vuelo tan interiorizado que parece no costarle llegarle al corazón al tendido entero. Todo eso es lo que se ve, lo evidente, lo que llega. Para los más iniciados queda la técnica del bamboleo o el toque, la altura que va subiendo en el mismo muletazo para restar exigencia en los finales, la colocación tan perfecta para conseguir lo que busca que es raro verle sudar con el regular o con el malo. Sólo arranca Josemari con el que se rompe de verdad, y hoy hubo destellos con el cuarto. Una verónica entonada, un par de trincherazos en el inicio, muletazos sueltos que iban cobrando cada vez más dimensión. Todo muy bello, muy fácil de digerir, pero sin conjunción, sin rotundidad. Tal vez sin alma. Hasta que llegó una serie al natural rota, encajada, exigente, pura. Tremenda. Esa y la estocada recibiendo le pusieron en la mano los dos despojos. A josemari, que es figura, eso le pasa muchos días.

También lo es Talavante y también sabe que hay días en que ni siquiera los despojos premian el fondo. Suyo fue lo más rotundo. Suyo, de ese Alejandro altivo y desafiante que en Madrid se encaró con el tendido a base de torear. Suyo y con el chotejo que hizo tercero, que parecía humillar cuando llegaba y te sacaba la gaita por encima del palillo cuando ya estaba a su nivel. Tan claro lo ve Alejandro que no le hubiera echado la muleta de otra forma si el esmirriado animal hubiera tenido calidad. Porque cuando el seguro Talavante que este año se clava el mentón en el pecho sube un nivel la apuesta del toreo y baja un escalón lo que aceptamos como bueno. Pero la espada, esa que maneja el extremeño tan despacito y tan bien para rubricar las grandes obras, hoy se tornó rama roma para que se fuera andando. Sin despojos, pero con muchos días por delante para que lo esperen los parroquianos de hoy.

Y los de todas partes, porque hoy, que tenemos un matador más que añadir a la nómina, la tarde no aburrió a nadie. Sólo que los días de los despojos hay que contarlos también. Menos mal que al menos los tres lucieron toreo, además de pasear despojos.

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Tercera de la feria de Santiago. Corrida de toros. 7.490 personas en los tendidos.

Seis toros deGarcía Jiménez.

José María Manzanares (burdeos y oro): palmas y dos orejas.

Alejandro Talavante (lila y oro): oreja y silencio.

Alejandro Marcos, que tomaba la alternativa (celeste y oro): palmas y dos orejas.

Saludó Rafael Rosa tras banderillear al segundo

 

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