Martes 16 de Enero | 16:12 hs

MARCO A. HIERRO
LA CRÓNICA DE SANTANDER

Mañana volvemos, ¿no?

La redondez del momento de Ginés Marín sale de nuevo en Cuatro Caminos con el magisterio de Ponce paseando un trofeo y la raza sincera de Cayetano dejando el premio en el acero.

MARCO A. HIERRO / FOTO: @GinesM_Prensa - Arjona

A veces la vida te permite licencias cuando más parece que te absorbe el seso. Y te sitúa en un palco al sol, te rodea de la inocencia de los niños y te obliga a transmitirles todos los valores en los que crees, en los que te criaste y en los que te acompañarán ya siempre, hasta que la tierra vuelva a cubrir tu levedad. Ginés Marín no está aún tan lejos de esos niños a los que hoy el Programa Víctor Barrio de la Fundación del Toro de Lidia hizo un poco más felices. Y a mí con ellos. "Mañana volvemos, ¿no?”, me decía uno de ellos, emocionado por todas las peripecias que había podido vivir a lo largo del día. "Ajolá”, pensaba yo.

Ojalá que los niños que hoy me freían a preguntas mantengan la inocencia, la sinceridad y el sentido común que hoy les hacía sacar los pañuelos y medir las peticiones, y que sigan acudiendo en libertad a disfrutar de su afición sin nadie que les corte las alas en nombre de un viento mejor. A Ginés, que hoy veía cómo se le rendía de nuevo la plaza que ya conquistó el año anterior, no se lo hicieron. Por eso estaba aquí hoy, haciéndoles felices por la mañana con la simple firma de una foto y por la tarde con el trazo sincero y puro de su mano diestra. Y su extrema redondez.

"¿Cómo se llama cuando levanta el capote de esa forma y se lo pasa tan cerca?”, preguntaba otra de las niñas que hoy me rodeaban. Eran las saltilleras con las que Ginés se manchó el vestido en el quite al tercero, tal vez el mejor de la corrida irregular pero manejable que echó Luis Algarra en Santander. Fue con la muleta en la mano cuando esta plaza, que le tiene entregado su amor, le entregó también el alma. Despacio, sin apuros, sin crispación, con la distancia justa para que tomase inercia, con el gesto justo para tocar con sutilidad y el trazo poderoso pero amable para soltar sin soltar, para recoger la repetición, para volver a trazar sin maldita la arruga en la tersa muleta y transformar lo que iba para pectoral en un rotundo circular que murió en las alturas tres días después. Inmenso el extremeño. Metido. Seguro.

Tanto lo estaba que hasta el castaño sexto, que era tris, terminó por entregarle el bofe cuando las bernadinas finales iban en pos de la oreja doble. No es habitual que dos toros seguidos se partan un pitón contra el burladero, pero hoy oucrrió. "¿Y ahora qué ocurrirá?”. Esta vez eran los papás los que hacían la pregunta. Pues que había un segundo sobrero para que redondease su tarde Ginés. Qué forma de volar el trapo, de ralentizar sus latidos, de muñequear con dulzura y hasta de irse de la cara sabiendo que la tarde era de él. "¡Le sacamos el pañuelo!”, bramaban las niñas de mi palco, empeñadas en hacer justicia a como diera lugar.

No se hizo, sin embargo, con Enrique Ponce, al que un mal pinchazo al primero y otro a destiempo en el cuarto le privaron de salir en hombros junto a Ginés. La mágica suavidad del trato de Enrique a los toros hace que le saquen el mejor fondo de que son capaces para terminar embistiéndole sin remisión. Así lo hizo el primero, toro feble, toro de raza justa, de justa voluntad y justa fuerza. Pero toro obediente y agradecido que se le fue tras los vuelos a Enrique en cuanto notó el mimo que el valenciano le regaló. A media altura primero, con la nana de sus muñecas arrullando al de Luis Algarra; con la distancia, la largura y la pausa después, con un instante de tregua entre muletazo y muletazo para fomentar la reunión. Magistral Ponce de nuevo, en el escenario donde pintaba el pasado año una de sus mejores obras. A la de hoy sólo le robó una oreja.

"Oye, Marco”, me decía el único niño entre niñas que poblaba el palco hoy, "qué es ese algodón que lleva Cayetano en la ingle?”. Lo de las pilas del traje de luces lo pensé, es cierto, pero es mejor decir la verdad; el motor que le hace soportar las vencidas del segundo sin mudar la color, hincarse de rodillas con el quinto para torear sin probar y pasarse a los dos muy cerca sin franqueza en ninguno para confiar. Es tan torero este Cayetano que tal vez con la mitad de lo que otros derrochan le sirve a él para ir al baile. Y para hacerse con las miradas y los reconocimientos, porque si algo tiene el madrileño es que jamás se guarda nada. Aunque no llegue el premio, como hoy.

Y no volveremos mañana porque la feria concluyó hoy, pero me llevaré las preguntas de los críos, con su lógica, su sentido común y su aplastante sensatez. Para cuando me pregunte una noche qué estamos haciendo para que esto del toro tenga a tantos a la contra. No será que no lo enseñamos…

 

FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Cuatro Caminos, Santander. Última de la feria de Santiago. Corrida de toros. Lleno.

Ocho toros de Luis Algarra Polera, correctos de presencia, desiguales de hechuras y comportamiento. Docilón de escaso fuelle el primero; mansurrón y geniudo el segundo; de buena calidad sin romper en nada el repetidor tercero; obediente y noble el cuarto; manso y remiso el quinto; devuelto el sexto por partirse un pitón; devuelto el sexto bis por el mismo motivo; pasador y obediente el castaño sexto tris.

Enrique Ponce (azul noche y oro): Ovación y oreja tras dos avisos. 

Cayetano (azul pavo y azabache): Silencio y Ovación. 

Ginés Marín (esmeralda y oro): Dos orejas y oreja con petición de segunda. 

Saludó Iván García tras banderillear al quinto.

 

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